jueves, 27 de mayo de 2010
Crítica#9
jueves, 20 de mayo de 2010
Crítica#8
martes, 11 de mayo de 2010
Crítica#7
CRAZY
Cine, imagen, mitología
- Título original: Crazy.
- Nacionalidad: Canadá.
- Año de producción: 2005.
- Compañía productora: Cirrus Communicactions/Crazy Films.
- Director: Jean-Marc Vallée.
- Fotografía: Pierre Mignot.
- Reparto: Michel Côté, Danielle Prolux, Marc-André Grondin, Émile Vallée.
CRAZY versa sobre una historia fantástica. Zac, el cuarto de cinco hermanos, nace con un extraordinario don: curar dolencias físicas menores como quemaduras, cortes, dolores de cabeza... Zac es, en una palabra, diferente. Sus hermanos son el empollón, el deportista y el lanzado. Y Zac manifiesta desde pequeño una enorme sensibilidad, pareja siempre con una cierta inclinación homosexual. Desde el momento en que evidencia esta tendencia, su madre lo protege mientras que se distancia de su padre, con quien su relación se irá tensando a lo largo de los años, conforme va creciendo, mientras va haciéndose mayor y forjando su personalidad.
Vallée elabora un minucioso tapiz con madejas de diversa procedencia. La historia de Zac es la historia de las iconografías del siglo XX: músicas, peinados, looks, gustos e incluso tribus urbanas (cada una de las cuales se ve reflejada en cada uno de los hermanos de la familia). El delicado mosaico se completa con la convergencia de una multitud de discursos sociales, a saber: la familia, el patriarcado, la homosexualidad, la homofobia, la drogadicción, el paso del tiempo, la religión en las sociedades contemporáneas... Se trata, en definitiva de un amplio diálogo sostenido por presencias icónicas y por los parlamentos, en los reposados diálogos que mantienen los personajes entre ellos durante los largos momentos de encuentro que se producen con el pausado y leve ascender el humo.
El cine, una vez más, se revela como un potente generador de mitologías modernas, al tiempo que se asienta sobre ellas. Para el ruso Yuri Lotman, el lenguaje del Arte se asienta sobre tres pilares: el mito, el arte y la religión. Y por ende, esta es también la quintaesencia del lenguaje cinematográfico. No sólo en lo que se refiere a la narrativa de las imágenes o a la escala de planos, sino a todas las imágenes, sonidos, escenografías, peinados y elementos estéticos que comparecen en pantalla, tanto por presencia como por ausencia. En CRAZY asistimos a un desfile de símbolos que brotan, se desarrollan y se cierran al final del relato, para clausurarse o para quedar en suspensión (pues la vida siempre sigue) que aportan unidad y profundidad a la historia melodramática. Especial atención hay que prestar a los elementos religiosos, a las transfiguraciones de la deidad: la devoción pasa al ateísmo, regresa encarnada en el ídolo musical (David Bowie) en la adolescencia. Luego es una ausencia inquietante y un viaje inicático... Del mismo modo la música, un importante hilo conductor, contribuye a la ambientación de espacios y tiempos así como a la caracterización del personaje: David Bowie, Pink Floyd, The Rolling Stones... Tal será el papel que juegue el tema Crazy, de Patsy Cline, que da nombre a la película y que incluso marca el abismo generacional entre padre e hijo. En este sentido CRAZY es la historia de un mundo que cae y de un orden cultural, a todos los niveles, que se instaura desde la nueva generación.
La interpetación de los actores (destaca Michel Côté, que se transforma con la caracterización y con su interpretación al tiempo que crece su personaje) se ve reforzada por la puesta en imágenes de aspectos psicológicos (dudas, búsquedas, venganzas) con símbolos canónicos como son el viaje, la prueba o el reflejo en el espejo. De este modo, la película en sus dos horas, surca situaciones y realidades sociales que, simbolizadas, se convierten ahora en mitos. Desde la rebeldía adolescente hasta el imponderable amor materno, desde el derrumbe del mito paterno en la infancia hasta la búsqueda de la personalidad que conduce a la madurez. Y especial atención merece la generación de las mitologías contemporáneas de la homosexualidad. Al ver CRAZY no podemos sino pensar en otros filmes que han contribuído a construir esta nueva mitología de la postmodernidad, desde el Rebelde sin causa de James Dean (con respecto a la mitología adolescente) hasta el repaso nostálgico, rebelde, sexualmente desinhibido y eminentemente musical de la contracultura de los años 60, 70 e incluso 80 de Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998) o la más reciente Taking Woodstock (Ang Lee, 2009).
Parece que en ciertas ocasiones Vallée abusa de los efectos técnicos para dar un acabado que busca lo lírico y onírico (las caprichosas imaginaciones infantiles y las rebeldes fantasías adolescentes del soñar con los ojos abiertos) o de los elementos fantásticos. En todo caso, esta estética aporta unidad a la obra, y queda siempre al servicio de la generación de nuevas mitologías modernas. Si el ser humano es homo faber, también es homo simbolicus y vive por medio y gracias a los símbolos y a los mitos sobre el mundo y sobre sus preocupaciones.
jueves, 6 de mayo de 2010
Crítica#6
viernes, 30 de abril de 2010
Crítica#5
jueves, 22 de abril de 2010
Crítica#4
jueves, 15 de abril de 2010
Crítica#3
'Fatum' o la venganza de los Lumière

Ficha técnica:
Título original: 'Caché'
Director: Michael Haneke
Fotografía: Christian Berger
Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou
Nacionalidad: Austria
Año de producción: 2005
Caché, merecedora de la Palma de Oro de Cannes en 2005, habla de todas estas obsesiones en un envase absolutamente elegante y lleno hasta los topes de tensión, intriga y suspense. No seré yo quien lo haga, pero hay quien ha considerado a Haneke como el Hitchcock europeo del siglo XXI. En este sentido son muchos los muchos valores (estéticos y humanistas) que incluye el filme: una Juliette Binoche y un Daniel Auteuil excepcionales que se van enervando progresivamente en cada nuevo plano, un montaje de planos largos y extremadamente naturalistas (una cámara oculta que graba los movimientos de una familia a tiempo real) cuya ilusión de realidad de desmorona cuando vemos rebobinarse las imágenes, diálogos lúcidos que contribuyen a la creación de tensión, juegos de ocultamiento en los que el espectador debe responder a quién es el responsable de todo esto...
Nosotros destacaremos especialmente un valor: el modo en el que esta película es absolutamente clásica y vanguardista al mismo tiempo. En pocas palabras, somos testigos de cómo una familia parisina recibe cada día una cinta envuelta en dibujos infantiles y amenazadores con imágenes de videovigilancia de su hogar. Daniel Auteuil, un importante presentador de un programa de debate literario-cultural de televisión, se va resquebrajando. Cada vez más cerca de la crisis nerviosa desentierra todos los fantasmas, culpas, complejos y miedos del pasado. Por eso se suele decir que Caché pertenece al género "thriller". Aparte de la imprecisión de este tipo de clasificaciones para principiantes, Caché responde más a la etiqueta de filme hitchcockiano, o de filme psicológico de terror-expiación (la felliana Giulietta degli Spiriti o Expiación de Terry Gilian), o de tragedia clásica (¿por qué no una Casandra de la Ilíada, que conocía el destino de los troyanos de antemano?) en la que el personaje es asediado por el arrollador fatum en ese ajuste de cuentas que exigen los inclementes dioses. Aquí no hay dioses, pues en la modernidad murieron y Nietzsche lo anunció, y eso es lo que crea el absoluto pánico en los personajes y, por ende, en el espectador.
Eso es lo terrible: se nos oculta de dónde viene el fatum, quién es el responsable de este ajuste de cuentas. El vídeo es la única evidencia que tenemos, tanto los personajes como nosotros. La imagen registrada al más puro estilo Lumière-1896 se revela contra el mundo burgués que la ha educado en el estilo narrativo de ficción, en los 'sueños' de Hollywood. No es baladí que Haneke emplee esta estética (la de la cámara fría que capta la realidad) y que la utilice como elemento de terror. Esa imagen que damos por documento fidedigno es una venganza contra esa otra verdad correcta e hipócrita de la burguesía europea a la que pertenecen los personajes de Auteuil y Binoche. Y, nuevamente, de ahí en adelante, el espectador debe juzgar: ¿quién es el responsable de este ajuste de cuentas?
Al terminar la proyección, las pistas están dispuestas encima de la mesa. El espectador debe responder.








