Caché
'Fatum' o la venganza de los Lumière
'Fatum' o la venganza de los Lumière

Ficha técnica:
Título original: 'Caché'
Director: Michael Haneke
Fotografía: Christian Berger
Reparto: Daniel Auteuil, Juliette Binoche, Maurice Bénichou
Nacionalidad: Austria
Año de producción: 2005
Michael Haneke es, por uno de los pocos consensos de la crítica y de la cinefilia de hoy, uno de los creadores de imágenes en movimiento más vanguardista y sobresaliente de nuestro tiempo. Este austriaco serio y profundamente reflexivo hace gala en Caché de un estilo caracterizado por la sobriedad formal y por la intención reflexiva. Podemos deducir de su filmografía (El vídeo de Benny, 1992; 71 fragmentos para una cronología del azar, 1994; Funny Games en sus dos versiones de 1997 y 2007...) que se ha interesado especialmente por todas aquellas formas de contar que están en los márgenes de la tradición cinematográfica y por una intención cuestionadora que construye un espectador activo. Como él mismo ha afirmado repetidas veces en varias entrevistas "hoy es necesario más que nunca tratar al espectador como una persona inteligente" (http://www.celuloideydvd.es/?p=616).
Caché, merecedora de la Palma de Oro de Cannes en 2005, habla de todas estas obsesiones en un envase absolutamente elegante y lleno hasta los topes de tensión, intriga y suspense. No seré yo quien lo haga, pero hay quien ha considerado a Haneke como el Hitchcock europeo del siglo XXI. En este sentido son muchos los muchos valores (estéticos y humanistas) que incluye el filme: una Juliette Binoche y un Daniel Auteuil excepcionales que se van enervando progresivamente en cada nuevo plano, un montaje de planos largos y extremadamente naturalistas (una cámara oculta que graba los movimientos de una familia a tiempo real) cuya ilusión de realidad de desmorona cuando vemos rebobinarse las imágenes, diálogos lúcidos que contribuyen a la creación de tensión, juegos de ocultamiento en los que el espectador debe responder a quién es el responsable de todo esto...
Nosotros destacaremos especialmente un valor: el modo en el que esta película es absolutamente clásica y vanguardista al mismo tiempo. En pocas palabras, somos testigos de cómo una familia parisina recibe cada día una cinta envuelta en dibujos infantiles y amenazadores con imágenes de videovigilancia de su hogar. Daniel Auteuil, un importante presentador de un programa de debate literario-cultural de televisión, se va resquebrajando. Cada vez más cerca de la crisis nerviosa desentierra todos los fantasmas, culpas, complejos y miedos del pasado. Por eso se suele decir que Caché pertenece al género "thriller". Aparte de la imprecisión de este tipo de clasificaciones para principiantes, Caché responde más a la etiqueta de filme hitchcockiano, o de filme psicológico de terror-expiación (la felliana Giulietta degli Spiriti o Expiación de Terry Gilian), o de tragedia clásica (¿por qué no una Casandra de la Ilíada, que conocía el destino de los troyanos de antemano?) en la que el personaje es asediado por el arrollador fatum en ese ajuste de cuentas que exigen los inclementes dioses. Aquí no hay dioses, pues en la modernidad murieron y Nietzsche lo anunció, y eso es lo que crea el absoluto pánico en los personajes y, por ende, en el espectador.
Eso es lo terrible: se nos oculta de dónde viene el fatum, quién es el responsable de este ajuste de cuentas. El vídeo es la única evidencia que tenemos, tanto los personajes como nosotros. La imagen registrada al más puro estilo Lumière-1896 se revela contra el mundo burgués que la ha educado en el estilo narrativo de ficción, en los 'sueños' de Hollywood. No es baladí que Haneke emplee esta estética (la de la cámara fría que capta la realidad) y que la utilice como elemento de terror. Esa imagen que damos por documento fidedigno es una venganza contra esa otra verdad correcta e hipócrita de la burguesía europea a la que pertenecen los personajes de Auteuil y Binoche. Y, nuevamente, de ahí en adelante, el espectador debe juzgar: ¿quién es el responsable de este ajuste de cuentas?
Al terminar la proyección, las pistas están dispuestas encima de la mesa. El espectador debe responder.
Caché, merecedora de la Palma de Oro de Cannes en 2005, habla de todas estas obsesiones en un envase absolutamente elegante y lleno hasta los topes de tensión, intriga y suspense. No seré yo quien lo haga, pero hay quien ha considerado a Haneke como el Hitchcock europeo del siglo XXI. En este sentido son muchos los muchos valores (estéticos y humanistas) que incluye el filme: una Juliette Binoche y un Daniel Auteuil excepcionales que se van enervando progresivamente en cada nuevo plano, un montaje de planos largos y extremadamente naturalistas (una cámara oculta que graba los movimientos de una familia a tiempo real) cuya ilusión de realidad de desmorona cuando vemos rebobinarse las imágenes, diálogos lúcidos que contribuyen a la creación de tensión, juegos de ocultamiento en los que el espectador debe responder a quién es el responsable de todo esto...
Nosotros destacaremos especialmente un valor: el modo en el que esta película es absolutamente clásica y vanguardista al mismo tiempo. En pocas palabras, somos testigos de cómo una familia parisina recibe cada día una cinta envuelta en dibujos infantiles y amenazadores con imágenes de videovigilancia de su hogar. Daniel Auteuil, un importante presentador de un programa de debate literario-cultural de televisión, se va resquebrajando. Cada vez más cerca de la crisis nerviosa desentierra todos los fantasmas, culpas, complejos y miedos del pasado. Por eso se suele decir que Caché pertenece al género "thriller". Aparte de la imprecisión de este tipo de clasificaciones para principiantes, Caché responde más a la etiqueta de filme hitchcockiano, o de filme psicológico de terror-expiación (la felliana Giulietta degli Spiriti o Expiación de Terry Gilian), o de tragedia clásica (¿por qué no una Casandra de la Ilíada, que conocía el destino de los troyanos de antemano?) en la que el personaje es asediado por el arrollador fatum en ese ajuste de cuentas que exigen los inclementes dioses. Aquí no hay dioses, pues en la modernidad murieron y Nietzsche lo anunció, y eso es lo que crea el absoluto pánico en los personajes y, por ende, en el espectador.
Eso es lo terrible: se nos oculta de dónde viene el fatum, quién es el responsable de este ajuste de cuentas. El vídeo es la única evidencia que tenemos, tanto los personajes como nosotros. La imagen registrada al más puro estilo Lumière-1896 se revela contra el mundo burgués que la ha educado en el estilo narrativo de ficción, en los 'sueños' de Hollywood. No es baladí que Haneke emplee esta estética (la de la cámara fría que capta la realidad) y que la utilice como elemento de terror. Esa imagen que damos por documento fidedigno es una venganza contra esa otra verdad correcta e hipócrita de la burguesía europea a la que pertenecen los personajes de Auteuil y Binoche. Y, nuevamente, de ahí en adelante, el espectador debe juzgar: ¿quién es el responsable de este ajuste de cuentas?
Al terminar la proyección, las pistas están dispuestas encima de la mesa. El espectador debe responder.

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