CRAZY
Cine, imagen, mitología
- Título original: Crazy.
- Nacionalidad: Canadá.
- Año de producción: 2005.
- Compañía productora: Cirrus Communicactions/Crazy Films.
- Director: Jean-Marc Vallée.
- Fotografía: Pierre Mignot.
- Reparto: Michel Côté, Danielle Prolux, Marc-André Grondin, Émile Vallée.
CRAZY versa sobre una historia fantástica. Zac, el cuarto de cinco hermanos, nace con un extraordinario don: curar dolencias físicas menores como quemaduras, cortes, dolores de cabeza... Zac es, en una palabra, diferente. Sus hermanos son el empollón, el deportista y el lanzado. Y Zac manifiesta desde pequeño una enorme sensibilidad, pareja siempre con una cierta inclinación homosexual. Desde el momento en que evidencia esta tendencia, su madre lo protege mientras que se distancia de su padre, con quien su relación se irá tensando a lo largo de los años, conforme va creciendo, mientras va haciéndose mayor y forjando su personalidad.
Vallée elabora un minucioso tapiz con madejas de diversa procedencia. La historia de Zac es la historia de las iconografías del siglo XX: músicas, peinados, looks, gustos e incluso tribus urbanas (cada una de las cuales se ve reflejada en cada uno de los hermanos de la familia). El delicado mosaico se completa con la convergencia de una multitud de discursos sociales, a saber: la familia, el patriarcado, la homosexualidad, la homofobia, la drogadicción, el paso del tiempo, la religión en las sociedades contemporáneas... Se trata, en definitiva de un amplio diálogo sostenido por presencias icónicas y por los parlamentos, en los reposados diálogos que mantienen los personajes entre ellos durante los largos momentos de encuentro que se producen con el pausado y leve ascender el humo.
El cine, una vez más, se revela como un potente generador de mitologías modernas, al tiempo que se asienta sobre ellas. Para el ruso Yuri Lotman, el lenguaje del Arte se asienta sobre tres pilares: el mito, el arte y la religión. Y por ende, esta es también la quintaesencia del lenguaje cinematográfico. No sólo en lo que se refiere a la narrativa de las imágenes o a la escala de planos, sino a todas las imágenes, sonidos, escenografías, peinados y elementos estéticos que comparecen en pantalla, tanto por presencia como por ausencia. En CRAZY asistimos a un desfile de símbolos que brotan, se desarrollan y se cierran al final del relato, para clausurarse o para quedar en suspensión (pues la vida siempre sigue) que aportan unidad y profundidad a la historia melodramática. Especial atención hay que prestar a los elementos religiosos, a las transfiguraciones de la deidad: la devoción pasa al ateísmo, regresa encarnada en el ídolo musical (David Bowie) en la adolescencia. Luego es una ausencia inquietante y un viaje inicático... Del mismo modo la música, un importante hilo conductor, contribuye a la ambientación de espacios y tiempos así como a la caracterización del personaje: David Bowie, Pink Floyd, The Rolling Stones... Tal será el papel que juegue el tema Crazy, de Patsy Cline, que da nombre a la película y que incluso marca el abismo generacional entre padre e hijo. En este sentido CRAZY es la historia de un mundo que cae y de un orden cultural, a todos los niveles, que se instaura desde la nueva generación.
La interpetación de los actores (destaca Michel Côté, que se transforma con la caracterización y con su interpretación al tiempo que crece su personaje) se ve reforzada por la puesta en imágenes de aspectos psicológicos (dudas, búsquedas, venganzas) con símbolos canónicos como son el viaje, la prueba o el reflejo en el espejo. De este modo, la película en sus dos horas, surca situaciones y realidades sociales que, simbolizadas, se convierten ahora en mitos. Desde la rebeldía adolescente hasta el imponderable amor materno, desde el derrumbe del mito paterno en la infancia hasta la búsqueda de la personalidad que conduce a la madurez. Y especial atención merece la generación de las mitologías contemporáneas de la homosexualidad. Al ver CRAZY no podemos sino pensar en otros filmes que han contribuído a construir esta nueva mitología de la postmodernidad, desde el Rebelde sin causa de James Dean (con respecto a la mitología adolescente) hasta el repaso nostálgico, rebelde, sexualmente desinhibido y eminentemente musical de la contracultura de los años 60, 70 e incluso 80 de Velvet Goldmine (Todd Haynes, 1998) o la más reciente Taking Woodstock (Ang Lee, 2009).
Parece que en ciertas ocasiones Vallée abusa de los efectos técnicos para dar un acabado que busca lo lírico y onírico (las caprichosas imaginaciones infantiles y las rebeldes fantasías adolescentes del soñar con los ojos abiertos) o de los elementos fantásticos. En todo caso, esta estética aporta unidad a la obra, y queda siempre al servicio de la generación de nuevas mitologías modernas. Si el ser humano es homo faber, también es homo simbolicus y vive por medio y gracias a los símbolos y a los mitos sobre el mundo y sobre sus preocupaciones.


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