miércoles, 17 de marzo de 2010

Crítica#2

Et pourtant...*
"La hipótesis del cuadro robado" (Raúl Ruiz)

*y sin embargo...


El andrógino 'David' de Donatello

En La hipótesis del cuadro robado, no salen los dinosaurios de Spielberg ni los selenitas de Méliès. No aparecen ni los galanes del cine clásico americano ni las pobres chicas maltratadas por la vida del cine europeo contemporáneo. Ni el existencialismo nórdico ni la contemplación japonesa. Es más, nos falta un cuadro y el coleccionista aún no sabe dónde lo han puesto.

Una película aburrida, dicho con todas las letras: aburridísima. Y sin embargo... ¿quién ha dictado por imperativo que las película tiene que ser divertidas? La hipótesis del cuadro robado es una de esos filmes sorprendentes y apasionantes que dan el salto al vacío. Y como dice Jean-Luc Godard: "quien da el salto al vacío está libre de tener que dar explicaciones a nadie". Irónico y burlón, Raúl Ruiz no juega con nada que el espectador pueda conocer ni re-conocer. No hay donde agarrarse. Tal y como él mismo sostiene en su Poética del cine, del mismo modo que el demonio Asmodeo acude a la celda del monje a media tarde y lo tienta con el sueño, las películas para re-conocedores, tientan a quien las ve. La hipótesis, en cambio, nos propone un ingenioso juego que realmente requiere un esfuerzo y atención extraordinarios.

Examinemos trama, rodaje (puesta en imágenes) y montaje. La trama, compuesta de infinitas posibilidades, se apoya sobre una hipótesis de un coleccionista, y él mismo es consciente de que el avance es inestable, lo que nos desvía del "conflicto central". En el rodaje, Raúl Ruiz no ha optado por filmar simplemente el movimiento, sino aquello que no se suele filmar: pensamientos, hipótesis, pinturas... Y en el montaje se presenta como la unidad que es el filme el laberinto de puertas secretas en una inmensa mansión que se abren y se cierran, reflexiones fragmentarias, diálogos de preguntas y respuestas entre el narrador y el coleccionista.

El juego que propone Ruíz es el de las hipótesis. Vamos nosotros a formular dos. En primer lugar, lo que propone La hipótesis es el juego de la interpretación: ¿qué camino tomar para entender la película? Y, en segundo lugar, es el juego del proceso creativo y de la escritura (del guión y de la película, con imágenes en movimiento), porque lo que da sentido a la narración no son los cuadros ni las largas explicaciones, sino el Andrógino y un cuadro que no podemos conocer porque se ha perdido.

"Y sin embargo..." esto sería demasiado fácil... Hay un tercer factor. Raúl Ruiz también es irónico. No sólo porque sospecho que está riéndose de quien ve, estupefacto, La hipótesis por primera vez escondido justo a su espalda. El coleccionista se duerme y habla en sueños (cosa que el espectador está tentado de hacer asintiendo a la invitación de Asmodeo), emitiendo una larga parrafada. ¿Cómo entender La hipótesis? Tal vez no haya nada que entender. O tal vez, como dice el coleccionista, simplemente haya que mirar sin anclarnos en la alusión. Tal vez la ceremonia que es el cine sea la película misma. Tal vez sea ese juego de preguntas y respuestas que empujan la trama hacia adelante. Tal vez sea simplemente el cine por el cine, ese "pentecostés sagrado" del que ya habló Francisco Ayala en 1929. Tal vez sea una burla de nosotros a nosotros mismos. Tal vez sea una invitación a dejarnos solos, como pide el coleccionista, para resolver el misterio por nuestra cuenta.

Al respecto de la interpretación de Ana y los lobos, decíamos: ¿cómo prefiere usted que la viole? Con Raúl Ruiz, nos preguntamos: ¿cómo prefiere usted que la interprete? Con La hipótesis del cuadro robado, se nos invita a entrar en el maravilloso universo de posibilidades alternativas que abren una película, una interpretación, un principio creativo, una idea, un concepto... Una invitación a poner toda hipótesis bajo sospecha, "a repensar lo pensado y desaber lo sabido, que es el único modo de empezar a creer en algo" (A. Machado).

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